Mi vida: Un tejido de historias.

Karen Juliette Guavita Mancera.



Pedro Pablo tocaba el tiple, tenía un Jeep Niza color rojo, las rosas súbitamente se vienen a mi
memoria porque el color de ese carro era tan espléndido como esas flores, al recordar esto, también
se esparse por mis dedos la sensación de rugosidad que tenían los asientos traseros y el olor a cuero
irrumpe mi olfato. Pedro Pablo nos sacaba mucho a pasear al pueblo con mis primos, nosotros
nos sentíamos irradiantes de felicidad de estar en la parte trasera de ese viejo jeep rojo recorriendo el
lugar que vio nacer a mi mamá, un lugar tranquilo, lleno de color verde por donde se voltiara uno a
mirar, pues el campo donde nació y vivió mi familia, es ese lugar que logra reconfortame cuando mi
ánimo no está del todo bien, cuando las dificultades hacen peso en mi espalda y cuando necesito
dejar de una lado Bogotá, la ciudad en donde vivo, para acobijarme su aroma frezco, el helaje de una
noche estrellada, en los sonidos de los animales que rondan las veredas, en los la brisa que
recorre mi cuerpo y hace levantar vuelo a mis cabellos. A Pedro Pablo, mi abuelo, le gustaba leer, y
no es que ahora no le guste, pero por causa de su parkinson, es complicado que haga sus lecturas...
También le gusta jugar ajedrez, y en mis 20 años no había jugado con él, hasta hace unos meses que
aprendí; no debía dejar pasar el placer de haber jugado alguna vez con mi abuelo aquel que habrá
sido su deporte favorito. Mi abuelo habla, ¡habla demasiado!, ojalá esa facilidad de hablar me la
hubiese heredado, pero no, hablar y expresarme me ha costado cuando me encuentro expuesta a
nuevas personas, miradas, lugares y experiencias. Pedro Pablo guarda, también, una nobleza grande
en sus ojos cafés claros casi verdes, nació el 4 de junio, al igual que yo, con la diferencia de que él
nació en el año 1934 y yo en 1999. Me encanta la idea de que nuestro cumpleaños sea el mismo día.


Mi abuelo materno tocando el tiple. 1998. Guasca, Cundinamarca.
Guasca, Cundinamarca. 2000. Un año de edad en la parte delantera del Niza.

Guasca, Cundinamarca. Jeep Niza de mi abuelo. 1996.

Los días fueron largos y exhaustos para mi mamá quien llevaba dentro de sí mi existencia, ya que
según ella cuenta, yo le hacía querer vomitar cada trozo de comida que ella ingiriera. Su recorrido por
algún medio de transporte era tortuoso: Su cabeza daba vueltas al igual que su panza enorme, pero
al fin llegó el día en el que ella podría sentirse más alivida... Mi mamá quería que yo naciera el mismo
día que mi abuelo, así que me planeó para ese día, no fue mera cuestión de la coincidencia (aunque
casi),  pues tenía planeada la cirugía de cesárea en el hospital un día antes de la fecha de
cumpleaños de mi abuelo, y rellenando el formulario con el doctor para planear la cirugía, ella con
gran esfuerzo sacó las palabras para decirle que si podían dejarla para el 4 de junio, pues mi mamá
creía que el parto para esa fecha iba a ser una gran regalo y sorpresa para su padre. Pensando que
el doctor no le iba a dar el aval, ella ya se estaba resignando, pero fue increíble el hecho de que el
doctor le planeara la cita para el mismo día en el que había nacido mi abuelo… así fue como nací un
viernes en la tarde el día 04 de junio de 1999.



Mi mamá con 8 meses de embarazo, y mi papá. 1999. Guasca, Cundinamarca.

Celebración 1er año de cumpleaños con mis dos abuelos. 2000. Bogotá D.C.

Mi familia es grande, se podría decir, consta de un abuelo, dos papás, siete tíos, diecisiete primos,
y una hermana, lamentablemente a mis dos abuelas no las conocí ya que mi abuela materna murió
cuando mi mamá tenía diez años por una peritonitis, y mi abuela paterna murió un mes después de
yo haber nacido por cáncer, a ella digo que no la conocí porque un mes de mi vida no es casi nada
de tiempo para yo poder acordarme de ella. La única forma de haber tenido una imágen de ellas
había de ser mediante una fotografía y que buscando en los álbumes llenos de polvo y olvido que
estaban debajo de mi armario, encontré, allí se encuentran mis tres abuelos en el año 1998.
Mis genes y vida están plasmados en esa fotografía.


Dioselina, mi abuela Rosa, mi abuelo paterno Marcos y mi abuelo materno Pedro. 1998. Chipaque, Cundinamarca.


Mi abuelo paterno murió hace dos años, en el 2017, a los 81 años de edad, primero internado por
bronquitis en el hospital, donde duró alrededor de 3 semanas y luego diagnosticado de cáncer en
el estómago. Luego del diagnóstico, al cabo de tres días falleció. Antes de que él falleciera alcancé
a contarle la novedad de que había pasado a la Universidad Pedagógica Nacional, así que uno de mis
últimos recuerdos con él fue las felicitaciones por su parte de yo haber conseguido ese logro.
Fue una muerte tan repentina en nuestra familia, pues él era una persona que a su edad se notaba
muy saludable, tenía aún el aliento para levantarse temprano, ir a ver a sus vacas, sacar cosecha si
la tenía, tomarse sus cuántas cervezas en el pueblo, hacer tinto temprano en las mañanas y
brindárnoslo con todo su amor cuando íbamos a visitarlo  a Chipaque, donde tenía una casa renovada
que muchos años atrás era una cosa de nada, chiquita, paredes blancas y cuarteadas, alcobas
diminutas... pero que de un día a otro la enfermedad y la muerte vino a tocar la puerta de mi abuelo
Marcos. Fue triste, claro, cualquier muerte cala en lo más profundo, se lloró y dolió, pero a la final es
algo que tenía que pasar, hubiésemos querido que él permaneciera más tiempo con nosotros, pero
así lo quiso la vida, lo dejó un buen rato con la oportunidad de compartir con nosotros y se lo llevó
quizá en el justo momento, para que no sufriera tanto con esos males de la salud. Así que yo lo
recuerdo con cariño y no con tristeza o dolor.


Mi papá Saúl, mi abuelo Marcos, mi tía Clara, Firulais y yo. Chipaque, Cundinamarca.


Mi buelo Marcos y yo. 2000. Chipaque, Cundinamarca.


Vamos a pasar al plano de mis amistades, ya que es un factor importante en mi vida. La travesía
con los amigos que tengo hasta ahora, comienza cuando entré en el colegio Centro Educativo los
Andes en el 2006 y en el cual duré hasta graduarme de bachiller. Recuerdo cómo conocí a mi mejor
amiga apenas estaba entrando a primero de primaria… yo estaba dibujando una muñeca con las
monedas que seguro me habían sobrado de las onces del descanso cuando me percaté de una niña
de cabello larguísimo, yo estaba ubicada en el último pupitre del salón y al lado de una niña que al
igual estaba ensimismada dibujando en su cuaderno, recuerdo que a mi compañera de pupitre le
pregunté que quién era esa niña de cabello largo y me dijo que era la "líder" del salón, a lo que yo
pensé que si era así entonces probablemente era una niña bastante creída, le dije a mi compañera
de pupitre que si yo me podía 'juntar' con ellas y me respondió que la única oportunidad de entrar a
su círculo de amistad era preguntándole a esa “líder”, así que mi compañera fue a preguntarle si yo,
Karen, una niña de cabello igualmente largo, crespo y con gafas redondas podría pertenecer en ese
grupo… Fue así como la respuesta de Brigitte, una de mis mejores amigas hasta al momento, hizo
posible nuestra relación de amistad. Y así fue pasando alrededor de los años en ese colegio que me
acogió tanto, cada año que pasaba me dejaba en la vida una persona más la cual querer y contar.
Creo que quiero más ese colegio por el hecho de haber conocido allí personas increíbles que por el
aprendizaje académico que me ofrecía.



Brigitte y yo. 2016.


Otra de mis mejores amigas la conocí en el jardín por ahí en el año 2007 donde cuidaban de mí.
Recuerdo el momento el cual fui por primera vez allá y Viviana y su hermana Natalia estaban
contentas de ver más niños nuevos en aquel lugar, sus caras emanaban pura felicidad, se acercaron
a mí y empezaron a hablarme, desde ese momento comenzó la amistad con esas dos niñas
sonrientes que vi en el jardín. A veces me digo que tengo la gran suerte de que la vida me ponga a
personas maravillosas en el camino, y milagrosamente no han sido muchas las experiencias
desagradables que me han dejado las personas que han hecho parte de mi vida, y si hay
experiencias desagradables, las puedo contar con una sola mano, quizá. Creo que los amigos que
tengo solo los he conocido en dos lugares: el colegio, y el jardín, es donde he estado la mayoría de
tiempo, por eso creo que a veces se me hace complicado establecer otras relaciones en otros
ámbitos, por ejemplo, en donde vivimos, a pesar de llevar toda mi vida allá, no tengo ninguna
amistad con los vecinos de ese conjunto, a penas los saludo.





Viviana y yo. 2018.


Natalia y yo. 2018.


Así como es mi vida son importantes mis amigos, también lo es mi familia, y también tengo la suerte
de que sea una familia unida, con ciertos desacuerdos, claro, pero que trata por permanecer unida,
trata de siempre estar al pendiente de los otros, buscamos el apoyo y damos el apoyo a quien lo
necesita, valoro mucho eso de mi familia, el hecho de sentirse querido mediante la atención que se
presta. Para hablar de las características que guarda mi familia, me voy a referir a mí para hacerlo;
guardo cierta empatía con los demás, como mi mamá, soy tímida, como mi papá, extrovertida con
los más cercanos, justo como lo hace mi hermana.

Me considero alguien que se preocupa mucho (quizá demasiado) por la naturaleza, el medio
ambiente, y siempre ha sido así, en sexto grado me postulé como representante de ecología,
y aunque en esos tiempos mi mayor preocupación era el ver alguien botando la basura a la calle,
ahora abarcan muchas más cosas esa preocupación, como el gran crecimiento del calentamiento
global, la deforestación en el mundo, las fábricas que afectan en gran medida la naturaleza,la gran
ignorancia que hay al respecto del descuido de nuestro propio hogar (la tierra). Recuerdo que algún
día del 2016 repasando las redes sociales vi una publicación de  un documental acerca de la industria
cárnica, ¡y sí que lloré! quizá todo aquel que vea un documental de ese tipo se le remuevan las
entrañas… el caso es que vi el documental y me dije que no comería carne jamás en mi vida, lo
irónico fue que ese preciso día mi mamá había llevado arroz con pollo para el almuerzo, yo estaba
asqueada y desesperada por el hecho de tener que comerme eso, y más que todo por el hecho de
que muchas veces aquellas decisiones no son muy soportadas el grupo social que te rodea, siempre
busca la manera de querer bajarte de tu posición para no seguir en aquella nube ideológica, veía el
plato de comida y lo ùnico que pude hacer en ese momento fue separar los trozos de pollo y comerme
solo el arroz con las verduras que tenía, así duré resistiendome a la carne más o menos como por
una semana, pero la tentación y el pensar qué dirán los demás me hizo volver a querer comer el arroz
con los trozos de pollo incluído. Fueron como 4 veces más que traté de dejar la carne y no lo lograba,
hasta que en octubre del 2017 en unas capacitaciones para conseguir trabajo ofrecían el almuerzo,
y lo sorprendente de todo es que ¡ofrecían también almuerzo vegetariano! así que con empuje de lo
que ya había visto y leído me dije que ese era el momento preciso para retomar mi intento de ser
vegetariana, y lo logré, así, de una y sin pensarlo tanto; creo que de pronto puedo contribuir a algo
siéndolo, así sea muy “mínimo” el aporte. Ya somos 3 vegetarianos en la familia.



Hamburguesa vegetariana. CC. Iseraa 100. 

Quiero entrelazar el gusto con mi mamá por coser como mi gusto por tejer. Creo que si no hubiese
visto a mi mamá por tantos años haciendo lo que le gustaba no me hubiera encaminado al gusto de
las agujas y los hilos.
Un día paseando en la calle con mi madrina y mi mamá vi un gorro en lana que me gustaba, lo
compré, pero regresando a casa me dije que sería espléndido hacer tus propias cosas para tu propio
uso. Primero le pedí ayuda a mi mamá, le pedí que me enseñara a tejer, lo trató de hacer pero no le
entendí absolutamente nada, así que aprovechando la facilidad que me daba Internet puse en el
buscador “¿cómo hacer un gorro en dos agujas?” y el primer vídeo que me apareció, fue el primer
video que reproducí, así fue como de vídeo en vídeo iba aprendiendo acerca de este arte de tejer,
hasta ahora he hecho muchos gorros, guantes, camisas, sacos, muñecos, gargantillas, etc…
Tejer me proporciona un estado de paz, cuando se coge la aguja y la hebra de lana estás al frente
de un mundo de posibilidades, de ideas, de mundos. Tus manos son el pincel, las agujas y el hilo
son el lienzo, es un mundo donde solo existes tú y tus ganas de crear.
Gracias a esto empecé a valorar mucho más el trabajo de los artesanos; lo hecho a mano conlleva
demasiado tiempo, no es el brazo de una máquina que lo hace todo en 1 minuto, son las manos
humanas que con dedicación y esfuerzo crean objetos únicos que llevan en sí el amor de quien lo
hizo.



Amigurumi a crochet. 


Carpeta hecha en crochet.


Esto es lo que soy, lo que llevo dentro de mí, todo lo escrito aquí son los hilos que voy tejiendo para
conformarme como persona, y seguro habrán muchos más hilos que lo sigan haciendo hasta el dia
que muera, soy como las agujas que va transformando ese material en algo concreto, pero que se
puede modificar, añadir, restar, soy los hilos y las agujas que van transformando mi vida y mi ser.

Comentarios

  1. Querida Karen,
    Aprecio mucho que hayas compartido algunas de tus experiencias de vida por medio de este blog. Me encanta el ambiente cálido de la vida campesina en la que tuviste el privilegio de crecer y cultivar tan bonitos y valiosos valores, al lado de tus abuelos. Me hiciste recordar mi infancia, cuando yo también pasaba mis vacaciones con mis abuelos en el campo y sentía que no había paraíso igual. Tu prosa es auténtica, sencilla y natural, cualidades muy importantes de la buena escritura. por supuesto puedes explotar más y mejor los recursos narrativos para darle eco social a tu experiencia personal. En cuanto a los criterios de elaboración del relato autobiográfico, lo siguiente:
    1. Construcción de la trama narrativa 0,9
    2. Configuración del sujeto discursivo 0,8
    3. Reflexiones éticas 0,8
    4. Explotación de los recursos ficcionales 0,8
    5. Apoyo audiovisual 10
    4,3

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